domingo, 6 de abril de 2014

Lisboa y alrededores

Compré hace tiempo una colección de pequeños libros que se repartieron con El País, son guías de ciudades europeas a recorrer en 48 horas, son fenomenales, esta vez me ha tocado una escapada por Lisboa y alrededores, bien, han sido más de 48 horas, pero he vuelto a recorrer tanto Lisboa, como Sintra, como Cascais, como Estoril o Setúbal.

Mucha lluvia, muy mal tiempo, pero aún así, ha merecido la pena y las cenas en los sitios más típicos del Baixa o en el famoso Ramiro han merecido la pena.

Comencé el recorrido, como no, en su famosa plaza del Comercio, también conocida por los Lisboetas como Terreiro do Paço, punto de arranque tanto de día como de noche, con sus típicos tranvías, saliendo de la plaza por el Arco del Triunfo entramos en Rua Augusta para acceder al barrio de Baixa, por donde, enseguida llegamos a la calle Santa Justa con su espectacular elevador al barrio de Chiado, se sigue hasta la plaza de Figueira, un cafetito en la terraza del café Nicola y siguiendo a la adyacente plaza Rossio entrando en la estación de ferrocarril, a la salida por la parte superior se llega a la plaza Carmo con su iglesia en restauración, al lado, la parte alta del elevador de Santa Justa, un fantástico mirador hacia la ciudad, hacia el castillo de San Jorge y hacia el estuario del Tajo.

Desde aquí, lo normal es bajar hacia Chiado, pero mejor un descanso, mañana se hará y cambio de dirección, me voy hacia la Plaza Restauradores y la Avenida Liberdade, una continuación de la plaza hasta llegar a la plaza Pombal y subir el parque Eduardo VII con unas inmejorables vistas de la ciudad desde su parte superior.

Bajada por la avenida Liberdade para llegar a la plaza Alegría, paso obligado antes de entrar en el Jardín Botánico, ¡que variedad de palmeras!, seguir el paseo hasta la Plaza Príncipe Real, bajar por la Rua de Don Pedro V hasta llegar al Mirador de San Pedro con buenas vistas hacia el Castillo de San Jorge y el estuario del Tajo y desde aquí bajar hasta la Plaza Chiado con una visita a la Iglesia de San Roque, espectacular su interior, ya en la Plaza Chiado, a su izquierda sale la Rua Garret con el café A Brasileira tan tradicional en Lisboa como pudiera serlo el Café Gijón en Madrid, cafetito y final del día turístico.

El segundo día se inicia donde termina el primero, en la plaza Chiado que da nombre al barrio Chiado, de camino por la calle Loreto, típica de Lisboa con sus tranvías, hacia San Bento , desde aquí hacia la Basílica de de Estrela y su jardín, bajada hacia el jardín Necesidades y su palacio con sus vistas hacia el puente 25 de Abril sobre el Tajo, recorrido costero por la Avenida 24 Julio hasta llegar a la plaza Comercio y seguidamente, por la costa, dejando a la derecha la Estación Marítima, vemos la Casa dos Bicos, por las callejuelas detrás suyo, ya en el Barrio de Alfama, la subida a la Catedral de Sé, las vistas desde el Mirador de Santa Luzia, el atestado de turistas Castillo de San Jorge, el Mirador de Graça, pero sobre todo el recorrido por sus callejones y escalinatas, sus barecitos donde tomar el aperitivo o don de comer un tentempie, desde allí en taxi hacia el Parque de las Naciones y cuidado, igual es una costumbre entre los taxistas de Lisboa, que casualidad, dos, ninguno tenía cambio al final del trayecto y, además, después de una discusión para que solucionasen su problema, ambos se equivocaron en el cambio, dándome de menos, bueno, anécdotas nada más.

Pero el Campo de las Naciones lisboeta merece la pena por ver como se ha aprovechado la estructura de una Expo para hacer un magnifico barrio residencial y, cómo no, la vista del mastodóntico puente de Vasco de Gama.

Otro día más para visitar Cascais y la zona de la Boca del Infierno, unos espectaculares acantilados, después de Cascais, Estoril, bueno es una zona residencial de playa como otras, y el día termina en Sintra, primer error, mejor ir en el tren de cercanías que sale desde Lisboa a Sintra, fui en coche y es un horror, no hay aparcamientos libres y los ¿vigilados? te  permiten un máximo de dos horas, con lo que la tensión de volver te impide disfrutar de la ciudad, de subir andando hasta el Castelo y el Palacio Da Pena, tuve que bajar corriendo, no puedes comer tranquilo, bueno, aún así, merece la pena.

Último día en Setubal y vuelta a España.