miércoles, 7 de enero de 2009

Aconcagua: frío, viento, el desierto en la altura


Medio primero y segundo día, 24 horas de viaje, justas, desde mi casa en Pozuelo hasta el hotel en Mendoza. Qué cansancio. Pero bueno, es lo esperado.

He hecho los dos vuelos con Aerolíneas Argentinas. El vuelo desde Madrid a Buenos Aires, puntual, más los veinte minutos de rodadura por las pistas de Barajas, maldurmiendo en turista, qué mala cena y qué peor desayuno. Llegada a Buenos Aires en doce horas y media, media hora de espera a la bolsa y viaje a Aeroparque, el otro aeropuerto. Increíble: TRECE DÓLARES UN COLECTIVO; hace un año, el mismo TRES DOLARES Y PICO. Estos argentinos cuando se lanzan, se lanzan. Eso sí, me he parado en el centro de Buenos Aires a tomar un capuchino, es una ciudad única, maravillosa, cada día me gusta más, tiene una vida especial. Hora y media de vuelo a Mendoza con cuarenta minutos de retraso. Mendoza, espectacular, una ciudad tranquila, perfectamente habitable (1.500.000 de habitantes), con una particularidad: la increíble canalización de aguas por acequias en todas las calles, creadas por sus fundadores los indios huarpe, lo que le da una frondosidad de arboles en todo momento. Es más, no se puede cortar ni un árbol, antes se cambia la ubicación de un posible edificio que talar un árbol. Unos parques preciosos, ni un solo atasco y, a 900 metros de altura, una temperatura en verano (ahora) de 28 grados e inviernos nada fríos.

Para más, coincido con la llegada del Dakar a esta misma ciudad. He visitado el parque cerrado y mañana no los veré salir ya que parten a las cuatro de la mañana y quiero dormir algo.

Nos hemos reunido con el guía para repasar el material y planear la ascensión y he cenado un asado de tira, qué maravilla. Bueno, me voy a dormir, que mañana tengo que ir a pagar los permisos de ascensión.

Tercer día dedicado en su mañana a las últimas compras y, sobre todo, a pasar los complicados trámites de los permisos de ascensión por el Aconcagua. Una vamos a decir no mala noticia: al llegar nos informamos de que cuatro andinistas italianos y su guía habían muerto en una grieta. Al final, después de 48 horas han rescatado a tres, dentro de lo malo... Mañana partimos a Penitentes, allí estaremos un día.

4º día: Previsto para llegar a la estación de esquí de Penitentes desde Mendoza, en un pequeño colectivo de montaña, viejo como él solo.

Después de 2 horas de viaje llegamos a Uspallata, un pueblo que estuvo destinado al tren con Chile y ahora se dedica a la gente que accede a los Andes. Al salir de este pueblo vemos el último árbol que nos encontraremos en el resto del viaje, compramos agua y llegamos a la estación de esquí de Penitentes, donde dejo una bolsa con las cosas que no usaré en la ascensión. Comemos y, para aclimatar, subo por las pistas de esquí (ahora sin nieve) hasta los 3200 metros, me quedo un rato arriba y bajo a dormir. Nos llegan las noticias de que ha muerto un inglés de un infarto cerca de la cumbre del Aconcagua.


5º día: Salimos de la estación de esquí de Penitentes a 2950 metros en 4x4 hacia el control de entrada a la zona del Aconcagua, pasamos por el Puente del Inca, otra estación de esquí que, al igual que en Penitentes parece esos típicos sitios de las películas americanas en las que en pleno desierto ves una larga carretera transitada por enormes camiones y donde hay una gasolinera, un motel y poco más, además del viento. Después de registrarnos en el control de los rangers de Horcones comenzamos a andar hacia el campamento de Confluencia a 3400 metros, donde pasaremos nuestra primera noche en tienda de campaña. El primer puente por el que pasamos sirvió para el rodaje de parte de la película <7>.

Los horcones, que dan nombre a esta zona, son unos pequeños pajarillos con el pecho amarillo o rojizo que inclusive se posan por tu mano para comer las miguillas que les des, simpatiquísimos.

En Confluencia, después de una corta caminata, comemos y colocamos las tiendas. Necesito andar algo más y me doy una caminata de unas dos horas con Jarno, un jovencísimo y fuerte compañero de viaje que pocos días después cumpliría sus 23 años. Después a estirar.

6º día: Dentro de la aclimatación a la altura y de los días qu

e estaremos en el Campamento de Confluencia nos iremos por la ruta alternativa hasta Plaza de Francia (4050 metros de altura), desde donde hay unas excelentes vistas de la pared sur del Aconcagua. Es inigualable, desértico (es la montaña más desértica que he conocido), pero de una grandeza excepcional. Todo es grande, todo es inmenso y destaco la coloración: es como un arcoiris de piedras, verdes, ocres, marrones, blancas... Después el glaciar sur del Aconcagua y, como todo, inmenso. Volvemos a Confluencia, no hay cobertura, sólo las típicas conexiones con Internet vía satélite, desde donde te quieren dar el gran palo, me niego. ¿Para cuándo pondrán unas antenas de telefonía móvil que no cuestan tanto y quitan a estos especuladores?

7º día: Dejamos Confluencia y la simpatiquísima Verónica, una chica encantadora que nos ha preparado unas cenas y comidas buenísimas y nos vamos a Plaza de Mulas a 4350 metros. Más de 7 horas hacia arriba pasando por lo que llaman Playa Ancha, que no es más que un tremendo pedregal producido por las aguas del deshielo de los glaciares del Aconcagua y donde el sol aplana a cualquiera. Pero sin embargo, tiene un encanto especial con el enorme arcoiris de colores de las piedras.

Llegamos a Cuesta Brava. Son doscientos metros de desnivel antes de llegar a Plaza de Mulas, donde se han despeñado algunas mulas y donde algunos argentinos la denominan la cuesta de la madre que... Pero bueno, llegamos, comemos y a descansar.

8º día: Aclimatación en Plaza de Mulas (Campo Base) y descanso, al tiempo de pasar el pertinente control médico: todo NO bien, es decir, tensión 128-75, pulsaciones 66, oxigenación en altura 89%, pero una imponente bronquitis con placas en la garganta hacen que me den fortísimos antibióticos (me destrozan, me agotan). Para mantener subo los primeros 200 metros del acceso a campo 1 y me voy a un refugio cercano al campamento, donde en el comedor encuentro la banderita de HC que dejó José María. Al lado de Xouxou pongo mis iniciales y hago la foto de rigor.

Las noches se empiezan a hacer interminables dentro de la tienda de campaña. Se cena muy pronto, hacia las ocho, y se desayuna muy tarde, mas allá de las ocho y media. A eso sumemos los cinco litros de agua que hay que beber al día (potabilizada del río cercano) y nos dará la cantidad de veces que hay que salir de la tienda en las noches.

9º día: Para aclimatar subimos al cercano Cerro Bonete, 5004 metros, que es una pedrera en toda su longitud. Salimos del campo base hacia el refugio y hacia su derecha sale un empinadísimo camino, muy resbaladizo, atravesamos varias zonas de penitentes (esa forma tan peculiar de producirse el deshielo en la zona andina) alcanzamos su cumbre en 3 horas largas. Eso sí, según subimos cada vez vemos mejores y más impresionantes detalles de la cara oeste del Aconcagua.

La última parte de la ascensión es algo mas expuesta y hay que tirar un poco de manos, pero siempre dentro de unos niveles de facilidad. Al llegar a la cumbre, el Aconcagua a un lado, a otro el Catedral, el Dedos, el Tolosa, innumerables...

Nos dividimos en grupos y en el primero, divertidísimo, bajamos deslizándonos por las pedreras y corriendo, en 1 hora y 10 minutos. A lavar la ropa y a prepararnos para mañana.

10º día: Para preparar la subida final subimos hacia el campo 1, cargados con la primera parte del material a instalar. Me sigue doliendo la garganta, la mucosidad es constante, he vuelto a ir al médico del Campo Base que me dice siga con los antibióticos, me da por pensar que no me van a dejar subir, pero bueno.

Cargamos las mochilas hasta arriba y comenzamos a andar. Subida dura al principio y al final y algo más suave en el intermedio. Llegamos, comemos, montamos los materiales y tiendas que llevamos y alguno propone llegar hasta la cota de los 5000 antes de bajar. Dicho y hecho. Delante de nosotros suben 3 miembros del ejército a unos 100-150 metros. De repente un grito brutal y una persona, solitaria, que se cae: una gran piedra desprendida le alcanza en el pecho. Pela, nuestro guía nos pide permiso para ir a ayudarle, cómo no, por supuesto; eso sí, llevamos un médico en el grupo que en momento alguno se ha ofrecido a ayudar a nadie y que aquí tampoco lo hace. Le ayudan a respirar, un soldado saca una camilla plegable y deciden bajarle, el Pela baja ayudando, alguno toma la mochila del herido y la baja, nosotros nos bajamos por otro camino también de piedras. A unos 100 metros del campo base el herido fallece. El médico ¿dónde está? El Pela me abraza al ver que estoy a punto de saltar. Las dos caras de la humanidad.

11º día: Sin olvidar el anterior, descanso y aclimatación en el campo base. Preparamos las mochilas para mañana, separando lo que necesitamos en altura y lo que dejamos aquí. Vuelvo al médico por la tarde y me dice que aún no estoy bien curado, pero que, si quiero, puedo intentar subir, pero que recuerde la cantidad de fuerzas perdidas con la bronquitis.

A la tarde y, como todos los días en el campo base, nos cae una copiosa nevada que deja un precioso paisaje pero un frío increíble. Al dormir dejo el reloj fuera del saco para ver la temperatura y alcanzamos los 7 negativos dentro de la tienda.

12º día en que empezamos la ascensión, ya desde campo base hasta campo 1 (Canadá) a 4950 metros, es decir 600 metros de desnivel, llegamos, instalamos el resto del equipaje, yo llevo mi tienda ya que es individual, 5 kilos y medio más y aquí ya cambia mas aún la forma de estar, no desayunamos hasta las nueve y media que sale el sol y cenamos hacia las seis de la tarde, el resto en la tienda, por falta de cuidado he dejado la bolsita de pilas de repuesto, al dormir, fuera de mi saco y se han descargado, o sea que no puedo usar el frontal para leer algo y tengo que conservarlo como pueda, hasta el final, que largas se hacen las noches.

13º día: Frío, frío intenso por la noche, el guía nos dice que más de lo normal. Desayunamos y vamos hacia el campo 2 a 5425 metros (Nido de Cóndores), con 16.5 kilos en la espalda. Mucho viento en la subida y cada vez cuesta más cualquier esfuerzo. Los pasito a pasito que vamos dando son agotadores.

Por cierto, una más y van... ¿qué pasa este año? Sigue sin aparecer el andinista francés que está desaparecido desde hace unos días, es desmoralizante.

Lavar los cacharros de l

a comida con nieve, hervir nieve para tener agua, instalar las tiendas sobre nieve y por las mañanas quitar la que las ha cubierto, en fin tareas habituales.

Una chica americana, Catherine, que se baja ya, nos regala un pequeño ajedrez de bolsillo que lleva y al que le falta un alfil de las blancas ¡qué maravilla!, César (el peruano) y yo nos frotamos las manos: podemos jugar con algo.

14º día: Subimos a campo 3 (Cólera, 5950 metros, hay otro al lado que se llama Berlín). Por radio nos anuncian que el tiempo arriba no será excesivamente ventoso pero que las temperaturas estarán 20 grados negativos y que las ventanas de tiempo despejado no serán superiores a unas pocas horas. Instalamos el campo 3 y a dormir horas y horas.

15º día: No se puede subir a cumbre, todo el día en campo 3 Cólera. Sigue nevando, mañana veremos.

16º día: A las 4 de la mañana Ulises nos dice que por radio le han indicado que hay una ventana de buen tiempo para subir. Está todo nevado pero podremos intentarlo. Me levanto con las placas de la garganta sangrando. El médico, ¡ohhh!, me mira, tengo algunas décimas de fiebre, pero voy. Subo bien pero hay un momento ya, en los 6600 metros, en que la mente me abandona, no me da más fuerzas, y si la mente no te empuja, el cuerpo no hace nada y me decido a no seguir. No sé, han pasado tantas cosas que la ilusión de hacer cumbre me ha abandonado, me da igual hacerla que no. ¿Necesito el ego de decir que he hecho cumbre? Pues no lo sé, pero ahora mismo quiero bajar. Los poquísimos que quedan en la subida me dicen que siga, que estoy fuerte, que puedo hacerlo, pero es que NO QUIERO SEGUIIIIR...

Me bajo hasta campo 3 y, a pesar de que los quedaron en campo 3 me lo desaconsejan, digo que me voy, que me bajo, que tengo cuatro objetivos: una ducha de media hora, un bife de chorizo con una botella de malbec, una terraza tranquila y unas sabanas limpias con un buen colchón. Algunos se juntan a mí y con toda la carga de siempre, mis famosos 16,5 

kilos, tiro hacia abajo, hacia el campo base. En la bajada me encuentro con Óscar el californiano-mejicano. Llegamos bajo una copiosa nevada y nos instalamos. Él tampoco hizo cumbre se tuvo que bajar seguido por unos italianos que ya no sabían ni dónde estaban y qué estaban pensando en hacer una gruta y quedarse a dormir.

17º día: Óscar y yo tiramos hacia la civilización, recogemos el resto de nuestras pertenencias, nos enteramos de que un rumano con el que coincidimos pierde los diez dedos de los pies, congelados, bajamos la cuesta Brava, llegamos al campamento de Confluencia con la mejor sonrisa de Verónica que nos prepara bebida y unos sandwiches. Seguimos andando hasta el control de los rangers, donde nos espera un 4x4 que nos lleva hasta Mendoza, y a cumplir mis cuatro sueños.

¿Por qué no hice cumbre? Podía, duro, sin duda, pero podía, pero ¿estaba disfrutando?...

Ver más fotos de la actividad.