domingo, 24 de abril de 2011

Las montañas de Rila en Bulgaria



Todo el plan empezó a retrasarse ya, desde el aeropuerto de Madrid, quizá muy justa la planificación, salir el sábado de Madrid en Wizzair para dormir en Gobedartsi, el avión se retrasó dos horas desde Madrid, total que entre el retraso del avión, el traslado en minibús desde el aeropuerto, el pararnos en una oficina (casino) de cambio de euros por levas, hizo que llegáramos al hotel Iskar en Gobedartsi a las seis de la mañana (hora búlgara), no, no podríamos salir temprano hacia las montañas de Rila, así que nos levantamos a las once de la mañana y, primera sorpresa, un fantástico desayuno típico con su pastel de hojaldre con queso y los famosos yogures naturales búlgaros.

Al minibús, a empezar a conocer las cordilleras búlgaras.

Rila es, junto con Pirin y los Balcanes una de las tres principales cordilleras búlgaras, empezamos en la zona de la estación de esquí de Borovest, a 1300 metros de altura, nieve, mucha nieve, muy blandita, niebla, la niebla que desde hace unos meses me persigue en casi todas las actividades, subimos hasta el punto intermedio de Markudjit a 2365 metros, donde en las fechas de apertura de la estación de esquí llega la góndola de la estación.

Llegamos al refugio Musala a 2380 metros de altura con un interín de otros 250 metros de bajada y vuelta a subir, fotos del refugio y de las antiguas construcciones ya desechas, un tentempié, aunque aún me sobraba con el fenomenal desayuno y seguir subiendo hasta el refugio Everest a 2725 metros de altura, cerca del Ledeno Ezero (Lago Helado), allí durante unos minutos se despeja un poco el cielo y nos permite hacer alguna foto del pico Musala, nuestro primer objetivo, y del cercano Irichek, con su bonita arista equipada en alguna zona con cuerdas fijas y con un refugio en su cima, pero no es posible, hemos empezado tarde a caminar y, aunque el grupo se ve fuerte, no hay tiempo, media vuelta y un descenso hasta el minibús, que nos lleva hasta el hotel Iskar, el mismo nombre que el río que atraviesa el valle.

Qué lástima el mal tiempo, no nos ha permitido disfrutar de las bellísimas vistas de este parque natural, de todas formas algo más de 19 kilómetros de pateada.

Cena y sorpresa, un grupo de música local, coloquialmente denominado como los abuelos del lugar (pero que marcha) nos montan unos bailes típicos después de la cena, que agradable sorpresa. A dormir que mañana espera otro duro día.

Y el segundo día a Malyovitsa, un duro pico de 2729 metros de altura, desde la estación de Malyovitsa a 1710 metros, o sea 1000 metros de desnivel otra vez, pero lo malo es el tiempo, malo, malo de solemnidad, ventisca, niebla, nubes bajas, nieve blanda, la subida se hace pesada ya hasta el refugio Malyovitsa a 1950 metros, con las raquetas desde el inicio, seguimos en las mismas circunstancias hasta una segunda terraza a 2200 metros donde nos encontramos con tétrica imagen de dos bulders repletos de placas por los montañeros fallecidos en estas montaña y continuamos con las raquetas hasta el helado lago Elenino a 2430 metros, duras rampas desde aquí, crampones y piolet hasta alcanzar en cuatro horas y media la cima, vale me lo creo, fotos, abrazos, felicitaciones pero no se ve nada, nada en absoluto y además no puedes asomarte un poco por las enormes cejas de nieve, bajada y una fenomenal cena con un plato típico, el Guiouvech, sorprendente.

El tercer día, imposible, queremos hacer los Siete Lagos, pero es imposible, se anuncia como el peor día, decisión, turismo, nos vamos a conocer el Monasterio de Rila, impresionante, fundado por San Juan de Rila en el siglo X. Está situado en la zona occidental de Bulgaria a unos 120 kilómetros de Sófia, en el valle del río Rila (Rilski).

El templo es un símbolo para los búlgaros en su resistencia hacia el yugo turco.

Después de la visita al monasterio nos vamos a la zona de Pirin, en realidad un cambio de días, al volver de Pirin nos hacemos la subida a los Siete Lagos, pero ya con buen tiempo y sol, sol que nos quema a todos, desde los 1550 metros, en Panichishte, donde nos deja el minibús, subimos los 700 metros de desnivel hasta los 2225 metros del refugio de Siete Lagos atravesando unos bosques de una belleza asombrosa, la vista de cada uno de los lagos, lagos formados por los desechos glaciares y, cada uno, a diferente altura, tanto desde el refugio como en la empinadísima subida, viendo los lagos a un lado y a otro, hasta llegar a la cima del pico Verdé a 2600 metros es, simplemente, espectacular, no paro de hacer fotos de cada rincón, la subida durísima con un desnivel acumulado de 1250 metros.

Los lagos, el Inferior de 11 metros de profundidad, el Pescado del Lago de 2,5 metros, el Trébol de 6,5 metros, el Doble de 27,5 metros, el Riñón de 28 metros, el Ojo de 37,5 y, el primero, la Lágrima de 4,5 metros.

Después una bajada, por la otra vertiente, al principio con las vistas a la cara norte del Pico Malyovitsa y después entre un bosque en el que piensas que en algún momento te aparecen los gnomos y entre constantes huellas de la fauna del bosque, bajada de 1700 metros hasta llegar a donde nos espera el minibús, ya a las siete de la tarde para llevarnos hasta Sófia.

Las fotos de la actividad.