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sábado, 9 de noviembre de 2019

Sahara marroquí


Sin duda el inicio parte de Ouarzazate (en berever “sin ruido”) al sur del Alto Atlas la puerta de entrada y salida del Sahara en sus inicios zona de paso y estancia de las caravanas, a donde llegamos por carretera, por la impresionante carretera que atraviesa el Alto Atlas, sobre todo por el paso de T´Zi N´Tichka de 2260 metros, ya en Ouarzazate, la que los marroquíes quieren denominar como el Hollywood africano y con cierta razón, lugar de famosos rodajes, como Gladiator, los Diez Mandamientos, Cleopatra o como algún capítulo de la serie Juego de Tronos (bueno, esta serie se ha rodado ya en medio mundo) tiene unos estudios visitables Atlas Studios,  a 1150 metros de altura.

En las cercanías de Ouarzazate una de las mayores plantas de energía termosolar que ha sido construida por empresas españolas.

Así que, desde Ouarzazate, la visita a la Kasbah de Ait Ben Haddou, quizá una de las mejor conservadas de Marruecos y, también, Patrimonio de la Humanidad y, desde allí, para ir entrando en calor, un corto trekking de ocho kilómetros por el valle del río Ounila, yo lo hubiese alargado, de vuelta hasta la ciudad de Ouarzazate, pero bueno, se podría hacer de noche.

Enfrente de los estudios, saliendo de Ouarzazate, una suave caminata por el valle palmeral y la actividad sigue por la Kasbah de Taourirt, la mayor de Marruecos, las kasbahs y los ksar son antiguas fortalezas o castillos medievales construidas con adobe y barro con torres que servían para la defensa, rodeadas de palmerales que se constituían en grandes comunidades bereveres agrarias.

Y ya, después de pasar el llamado Anti Atlas, llegamos al impresionante y mágico Valle del Draa, quizá el más extenso y productivo del sur de Marruecos, con sus enormes plantaciones de palmeras, de higueras, de granadas. Una sucesión de palmerales, kasbahs y aldeas bereveres entre Agdz y Zagora con el monte Tajín de fondo, el Draa río que nace del Alto Atlas.

El recorrido termina en la laberíntica Kasbah de Tamgounelt con todas sus casas conectadas entre sí para hacer que las calles no reciban el calor del sol y el Ksar, en un promontorio muy panorámico, también con la montaña Tajín al fondo.

En Merzouga (Erg Chebbi, Erg significa extensión de dunas móviles), donde se encuentra el típico y tópico campamento de jaimas bereveres, que tienen hasta baño y fiesta nocturna hasta ya entrada la noche, instalado en las dunas del desierto de Merzouga paisaje mágico bajo el sol, dunas que cambian de color, del rosa al dorado o al rojo según la hora del día, a ver, no es más que un hotel de telas, que hasta tiene alfombras encima de la arena del desierto y cuyo mérito fundamental es contemplar el atardecer y, por la noche, gracias a un cielo sin contaminación lumínica, poder contemplar las estrellas.

Siguiendo por el desierto de Merzouga, con dunas que, en algunos casos sobrepasan el centenar de metros de altura, después del tipismo del “paseo” en camellos llegamos al poblado de Hassi Labied un antiguo centro de comercio de caravanas, con la particularidad de tener un palmeral que está creado y cuidado por sus habitantes y que se mantiene por las aguas que fluyen de debajo de las dunas.

El poblado de los negros, Khemliya, conocido así por estar habitado por los antiguos esclavos Gnawa, bueno tienen el tipismo de sus cánticos mientras te tomas un té magrebí y una típica pizza berever.

Otro tipismo más consiste en la subida a la Gran Duna de Merzouga a lomos de un dromedario y contemplar el anochecer.

La fascinante ciudad de Rissani en el valle de Tafilalt, que fue la primera ciudad imperial de Marruecos, con un impresionante y muy turístico mercado diario,

merece la pena contemplar la puerta de entrada a la ciudad.

Las impresionantes y profundas gargantas rocosas del Toldra, con sus impresionantes barrancos de hasta 300 metros de paredes, aquí se encuentran las mejoras zonas de escalada en roca de Marruecos, para llegar a ellas ocho kilómetros de pateada, con 490 metros de desnivel tanto positivo como negativo, merece la pena visitar también la Pequeña Garganta saliendo y volviendo desde/hasta el pueblo de Togcha.

Tinerhir, a quince kilómetros de la Garganta del Todra, desde donde damos un sencillo paseo por el Palmeral de Skoura, con más de 700.000 palmeras, plantado en el siglo XII por el sultán almohade Yaqub-al-Mansur, el contraste del verdor dentro de la árida meseta que es el bajo valle del Qued Dades, para ir después a la Kasbah Amridil, quizá la mejor conservada del sur del Atlas.

El valle del Imlil, donde ya pase una noche, en la ciudad de Imlil, paso obligado para subir al famoso Toubkal, valle por el que se atraviesa por varias aldeas bereveres.



martes, 5 de noviembre de 2019

Marrakech


La ciudad roja, todas sus construcciones en terracota, 1.200.o000 habitantes, siempre ha sido una ciudad de paso hacia otras actividades, primero en la subida al Toubkal, años después me ha servido también como punto de inicio y final en un precioso recorrido por el Desierto del Sahara ().

Una ciudad en el que toda su actividad parte, termina o se ve participada por la famosa plaza de Jemaa el Fnaa (“reunión de los muertos”), plaza que ha sido declarada Patrimonio de la Unesco, que merece la pena visitar sobre todo al atardecer cuando se convierte en un hervidero de gentes y rodeada de la antigua Medina, 650 hectáreas, con sus callejuelas con todo tipo de tiendas, sobre todo con los típicos artesanos curtidores del cuero y con los zocos en la zona norte que se merecen al menos una tarde entera de pateo.

En mi primer viaje a Marraquech dormí, bueno dormir es un decir, en el famoso entre los mochileros, hotel Alí junto a la plaza de Jemaa el Fnaa y como no, los paseos por la plaza viendo a los contadores de cuentos, a los encantadores de serpientes y, por supuesto, cenar algún pincho de cordero o algún plato de cuscús.

Empecé la visita a la Medina por una de las diez puertas de la antigua muralla, la histórica puerta de granito azul de Bab Agnaou, caminando por la Kasbah, merece la pena visitar  las tumbas Saadies con tres grupos, las tumbas infantiles, son sólo las lápidas externas, el pabellón femenino y la sala de los reyes, con unos artesonados magníficos, paseos hasta llegar al café de El Badii, junto a las ruinas del palacio del mismo nombre (el incomparable, inspirado en la Alhambra de Granada) y donde tomar mi primer té a la menta de la visita, seguida de paseo alrededor del Palacio Real (Dar El Makhzen), después La Mellah, el gueto judío, una ciudad en sí misma, la Sinagoga de Lazama y, claro, un paseo por los zocos de la Medina.

Como no, con la Mezquita de la Koutoubia del siglo XII

y su espectacular minarete de 77 metros de altura que lo hermana con la Giralda de Sevilla y junto a la Koutoubia hay que ver la tumba de Fátima Zohra

Merece la pena la visita a El Palacio de Bahía, con sus más de tres hectáreas de jardines, pero sobre todo con sus techos y sus artesonados.

Como no, también, a partir de las once de mañana la entrada es libre para visitar el famoso hotel de La Mamounia y sus jardines.

Y ya, de paseo por jardines, espectacular el Jardín de La Menara con sus cien hectáreas, con su inmenso estanque del siglo XII y con sus cerca de diez hectáreas de palmeral.

Si nuestro tiempo nos lo permite, en mi primer viaje si lo tuve, merece la pena adentrarnos en  el Marraquech moderno, fuera de las murallas del antiguo y de su Medina, donde todo gira alrededor de la Avenida Mohammed V.



domingo, 9 de diciembre de 2012

El monte Kenya


La noche ha sido dura en el refugio de Chogoria Gate, a 2950 metros de altura, anoche el responsable del refugio ya nos advirtió: "ni se os ocurra salir por la noche de los refugios". El ruido de la vida salvaje de los animales que procede del exterior es sobrecogedor, a través de los cristales y metido dentro de mi saco, no me atrevo a mover ni un músculo, veo algún búfalo, un elefante y lo que me imagino es un leopardo, además de otras siluetas que no puedo definir.
Pero ahora amanece, será mi último amanecer, en este viaje, en el macizo del Monte Kenya, el día aparece despejado salvo algunas nubes en las, ya lejanas y ocultas, montañas que hemos subido en los días anteriores, la luz ya se abre paso, sin pensarlo salgo a hacer fotos y, de repente, pienso en los animales salvajes, en la batalla nocturna por la supervivencia, ya no están, se han ido, aquí todos respetan su tiempo y su espacio, lo de ahora es un silencio sobrecogedor, impresionante, en fin, vamos a por el desayuno para irnos.
El viaje de ida a Kenya, largo desde casa, tren-tranvía, metro hasta el aeropuerto T4, facturación, ir a la T4S, esperar a, la siempre puntual, Qatar Airways, vuelo a Doha, visita al siempre sorprendente y fenomenal duty de Doha (la tienda de sonido y fotografía atestada como siempre) y enlace a Nairobi con la misma Qatar Airways, ya llevo el visado pagado desde Madrid, pero es igual las colas para pasar la aduana se hacen eternas ¿qué pasaría, si en Europa pusiéramos los mismos controles y trabas a cada país, que los que nos ponen a nosotros?, a la salida del aeropuerto me espera un empleado de la Spurwing que, directamente me lleva hacia el macizo del Monte Kenya, son las siete de la mañana, estoy cansado y llueve a mares ya desde el mismo aeropuerto.
En el parque Nacional del monte Kenya, que también es reserva nacional de la biosfera se encuentra la segunda cumbre más alta de África: el pico Batián de 5199 metros de altura. Esta área se encuentra a 180 kilómetros al N.E. de Nairobi. Montañas que son consideradas como sagradas por los kikuyus, donde según su creencia vive su Dios Ngai.

Son de origen volcánico, arriba aun se conservan pequeños glaciares. Sus tres cumbres son  el pico Batian que se puede subir, pero con ¡DIECISIETE! largos de nivel IV+ y V+ bastantes de ellos, el Nelión, de 5189 metros, tiene menos largos pero de niveles superiores (6ºa) y el pico Lenana, con 4985 metros y que con unos pasos algo delicadillos al final es el más accesible en cualquier tiempo, los dos anteriores, con esta lluvia, serían imposibles.
La vegetación de la reserva puede dividirse en tres zonas, la más alta de carácter alpino, donde predominan los pequeños glaciares entre un paisaje rocoso; la segunda, intermedia, donde grandes bosques de senecios y lobelias es quizá lo más característico, y por último, abajo, los frondosos bosques y praderas africanos. En las praderas herbosas por la noche pastan elefantes, búfalos, gacelas, hay también Oryx, avestruces y cebras. Durante el día se refugian en los bosques donde es más difícil localizarlos. en la altura, son más fáciles de ver los damanes roqueros, una especie de marmota gigante.

El macizo del monte Kenia tiene tres controles de acceso que marcan las respectivas rutas a seguir: Sirimon Gate al Norte, que es por donde nosotros entramos;  Naro Moru Gate al Oeste, quizá la menos atractiva como paisaje  y Chogoria Gate al Este, que es por donde bajamos al terminar la actividad.
Mi primer día, desde el aeropuerto, en una pequeña van, hasta Nanyuki, bajo una intensa lluvia, que no me abandonará en casi todo el viaje, en Nanyuki nos unimos con el guía y los porteadores, eso si, necesito pararme a conectarme por Internet, un cybercafé, lo necesito ¿qué ha hecho hoy el Madrid?, ah, vale le ha ganado 2-0 al Atleti, vale, pero me molesta, este año yo tenía más esperanzas con el Atleti, aunque soy madridista, y no termina el Atleti de volver a ser un grande.
Por fin llegamos al control de Sirimon Gate, a 2650 metros de altura, cinco horas largas entre unas cosas y otras y aún no he dormido, una hora de controles, papeles y preparación de las mochilas ¡pero si estamos solos!, da igual, esto es así y hay que aceptarlo y vivirlo como es.
Tres horas largas de subida bajo una intensa lluvia para llegar hasta Old Moses Camp, a 3300 metros de altura, al principio por pista y, casi al final, por marcados senderos, nos hemos cruzado con cebras, con  una tribu de monos baboon. El refugio muy destartalado y frío, pero más o menos, así con en África central, buena cena preparada por uno de los porteadores que hace de cocinero al tiempo con la ayuda de los otros dos, duermo muy bien, llevaba casi 40 horas sin dormir entre unas cosas y otras, a pesar de que me ha llovido esta noche hasta en la cama ¡vamos, lo que antes se llamaban goteras!.
Nos levantamos a las 6:30, buen desayuno y poco más allá de las siete ya estamos en camino, hoy nos tocan 900 metros de desnivel lineal, bueno 1050 en total con las subiditas y bajadas, los primeros metros son por pista forestal que, enseguida se acaba y ya todo es por senderos, en unos 45 minutos llegamos a la estación meteorológica del parque, a 3500 metros de altura.
A veces llueve, las más, a veces no, las menos, pero a esta altura las nubes están aquí e impiden la visión de un fenomenal paisaje que vamos atravesando, estimamos que hoy serán siete horas incluidas las paradas que los porteadores necesitan, más o menos una cada hora y media a pesar de que la subida no es muy pronunciada, pasamos el valle Likii, que no podemos ver por la niebla y llegamos al McKinders Valley que en los primeros compases no nos permite ver nada por la niebla, poco a poco la niebla se va abriendo y el paisaje empieza a ser impresionante, a mi izquierda las agrestes cimas de Sgaeyo Naterer, de frente a nosotros las montañas Simba, precedidas del collado Simba a 4100 metros de altura, justo debajo del cual están las Shipton's Caves.
Un descanso en el collado y, primero e impresionante visión del macizo del Monte Kenya y sus tres cimas.
En poco tiempo llegamos al refugio de Shipton's Camp, a 4200 metros de altura, varias veces nos hemos encontrado con los rock hyrax (damanes), antes de entrar al refugio necesito pararme a contemplar el macizo, a mi derecha las puntas Batian y Nelion, a la izquierda Punta Lenana, las nubes se abren y se cierran y me dejan ver y fotografiar las cimas.
Buena noticia, mañana hará una ventana de buen tiempo, es recomendable pasar un día en Shipton's Camp para aclimatar mejor, pero, dada la noticia, decido subir hoy unos 200 metros, hacia la base del Batian, donde hay una especie de meseta, me quedo allí unos veinte minutos, aclimatando y me bajo al refugio, así dormiré, después de una buena cena, en sensación de bajada.
Hoy es día de cima, nos levantamos a las dos de la mañana, un frugal desayuno, discrepo con el guía que me dice que los porteadores nos esperarán en la bajada, se van por otro collado, con un desayuno adicional, más fuerte, es igual discrepo pero no hay problemas, salvo este matiz no me puedo quejar de la comida, en absoluto.
Cerca de las tres empezamos a andar, desde el principio subida empinada, despacito, pole pole que se dice por aquí; pensaba que haría más frío, pero "sólo" llegaremos a menos cinco en la cima, lo bueno es que no hace excesivo viento y, por tanto, la sensación térmica no es mala, la subida no tiene complicaciones técnicas, quizá los últimos 250 metros, de los 785 que hay que subir en total, son un poco más peliagudillos. y hay que echar mano en algún pasito, además, al ser tan pronto la nieve está dura y subimos sin crampones, arriba del todo hay unos cables de ayuda, te hacen más previsor de lo que en realidad se necesita y, el último paso tiene unos escalones de ferrata que ayudan pero que podrían obviarse, no obstante no olvidemos que estamos a cinco mil metros.
En tres horas y media escasas y durillas hemos llegado a la cima el guía y yo, fotos pocas debido al mar de nubes, salvo a los cercanos Batian y Nelion, los otros dos picos del macizo y los cercanos glaciares.
Bajamos por el mismo camino y, enseguida giramos hacia el norte en dirección al refugio de Chogoria Gate, una paliza, son otras ocho horas, pero no de bajada, es un constante rompepiernas, se bajan 2000 metros lineales, MAS OTROS 515 DE SUBIDITAS Y MAS BAJADITAS. En un par de horas largas llegamos al chozo-vivac de Mintos, donde nos esperan los porteadores con un buen desayuno.
Seguimos la suave bajada, con sus subiditas y bajaditas rompepiernas, dejando a nuestra derecha el espectacular Gaoges Valley y en cerca de seis horas más, llegamos a Chogoria, un té con pastas y unas palomitas y un ratito de relax en la puerta de una de las cabañas y zzaaaaaassssss, en un abrir y cerrar de ojos un mono se me tira al plato y me roba un puñado de palomitas, nooooooo, así no, ven aquí, toma una, vale ya estás más cerca, toma otra, ¿lo ves? así se hace, ¿pero qué es eso de robarme los míos?.
Chimenea, charla, cena y, a dormir que el día ha sido duro pero con éxito.
Ya nos vamos a Nairobi, nos levantamos a las siete, desayuno y a las ocho empezamos a andar por una pista llena de barro y charcos, entiendo que el 4x4 no pueda subir hasta aquí, nos espera a unos 2550 metros de altura, allí nos subimos y empieza la bajada hacia Chogoria pueblo, Joeeeeeee ..... es impresionante, con un jeep del año de la pera, como conduce este tío, este viene a Europa a competir y se lleva todas las pruebas de 4x4, me veo ruedas arriba en más de una ocasión, el coche se cruza cada dos por tres, sin problemas el tío este lo soluciona en un abrir y cerrar de ojos, unas veces
corrigiendo
 con el volante y otras soltándolo, hasta que, al final, se queda bloqueado en el barro, nos bajamos, ahora empujas, ahora lo balanceas, ahora metes troncos debajo de la rueda, ahora ...., bueno, al fin se consigue arrancar y ¡¡¡¡!!!, nos quedemos sin líquido de frenos, para como puede y lo arregla, bueno hemos llegado sanos y salvos a Chogoria, aquí cambiamos de coche y CINCO horas más para llegar a Nairobi.
Al día siguiente ¿turismo? por Nairobi ¡la ciudad del atasco constante, no te da tiempo a ver casi nada, te pasas el día en atasco tras atasco.
El hotel de la agencia Spurwing, muy bonito, encantadores los dueños y el servicio,  pero está muy alejado del centro, necesitas coches para todo.
Esta noche cena en el Carnivore, brutal, te ponen carnes de diferentes tipos hasta que abates una bandera que te ponen en la mesa y cuando crees que has terminado empiezan con los postres, también inacabables

sábado, 23 de enero de 2010

El pico Margarita en Rwenzori, Uganda


Uganda,"la perla de África", como la denominó Winston Churchill, es el punto de encuentro de la sabana del este de África con el bosque del oeste de África. La increíble fauna y el fenomenal clima contribuyen al atractivo del país, afortunadamente aún, con una baja cota turística. No hay país en el mundo en el que se pueda pasar la mañana observando a los leones, campar en las llanuras, avistar chimpancés en el bosque por la tarde, navegar al día siguiente por los canales tropicales, donde se pueden ver hipopótamos y cocodrilos y luego ascender a las agrestes montañas existentes en el Rwenzori.

Desde la ventanilla del avión de la Egyptair, al divisar el aeropuerto de Entebbe con su impresionante ubicación ecuatorial en la orilla boscosa del inmenso lago Victoria, viene a mi memoria el famoso rescate llevado a cabo por tropas israelíes de un avión de Air France con más de 250 personas, secuestrado en julio de 1976 por los terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Entebbe es una bonita ciudad a 35 Kms de la capital de Uganda, la caótica Kampala.

En la frontera de Uganda y el Congo se alza la cadena de montañas más legendaria e imponente de África. Escondidas, la mayor parte del año, en la bruma, los nativos la llaman Rwenzori, que significa “el lugar donde se hace la lluvia”, o según algunos, “la gran hoja donde hierven las nubes”, la mayor parte de esta zona está aún sin pisar por el hombre.

Llueve todo el año pero es mejor evitar las épocas de mayores lluvias, de finales de septiembre a noviembre y de marzo a mayo. En cualquier caso, su ya mágica existencia se vio encumbrada a leyenda en los mapas griegos donde figuraban como “las montañas de la Luna” siendo sus nevadas cumbres el mítico origen del Nilo. Su existencia fue tenida por pura fantasía durante dos mil años, hasta que a finales del siglo XIX, Stanley las divisó. En 1906 Luis de Saboya, duque de los Abruzos, fue el primer occidental, no sólo en visitarlas, sino que escaló algunas de sus cumbres.

Y es, desde Entebbe hasta Kasese, poco más de 300 kilómetros, poblado al pie del Rwenzori, donde nos llevamos la primera paliza, siete horas largas en un 4x4 por unas "carreteras" que cuando no están en obras están bacheadas al atravesar los poblados, poblados, que casi se unen unos con otros, interminable viaje y más aún, hasta que te acostumbras a la circulación por la izquierda.

En Kasese, sorprenden los "taxis", bicis con un sillín sobre la rueda trasera o pequeñas motos que habilitan la parte trasera del asiento para transportar a los pasajeros. Dormimos una noche, mas preocupados por los mosquitos nocturnos, impregnados de repelentes y entre las mosquiteras.

Aprovechamos el día siguiente para conocer el impresionante parque nacional Queen Elizabeth donde se concentra la principal reserva faunística del país, con poblados en sus entornos, sin cierre alguno, y en el mismísimo Ecuador.

El día de comienzo del trekking hacia el Pico Margarita comienza en Kasese, desde donde nos llevan en 4x4 hasta el poblado de Nyakalengija a 1615 metros, allí conocemos a nuestros dos compañeros alemanes y contactamos con los guías, cocinero, porteadores, etc. y, después de firmar los controles pertinentes, comenzamos a andar.

El camino por la jungla (el primero de los diferentes tipos de vegetación que nos encontraremos hasta los 2000 metros, para después seguir por el tipo de bosque montañoso, luego los bosques de bambú hasta llegar a la especifica zona afro-alpina de altura) se inicia de inmediato con el omnipresente barro, ya de salida la diferencia, botas de goma para el barro casi todos los días, botas a las que ninguno estamos habituados, pero bueno hay que hacerlo.

Llegamos al refugio Nyabitaba (aquí los refugios son muy básicos, la iluminación es con velas) a 2650 metros, primer día más de 1000 metros de desnivel en poco más de 5 horas, cena y tranquilidad, aquí siento la noche de manera espectacular, ¡se ven estrellas! no es como en Madrid, y bajo un silencio sobrecogedor, el escuchar a los animales de la selva te hace parte de la naturaleza.

Al día siguiente desde el refugio Nyabitaba nos damos la caminata hasta el refugio John Matte a sus 3.505 metros de altura. El camino es muy variado. Cruzamos el puente Kurt Shafer sobre el rio Mubuku, en Nyamileju. El barro hace que el trayecto sea mucho mas cansado que en otros trekkings, ademas constantemente hay pequeñas trepaditas, no, no es una caminata normal es muy, muy diferente, además los paisajes son tan sorprendentes que no paras de tirar de cámara, hoy han sido más de 6 horas de caminata.

Insisto en lo básico de los refugios, sin guardas, simplemente los guías, porteadores y cocineros lo abren y lo cierran a la salida. Al día siguiente, salimos hacia el refugio Bujuku a 3955 metros, justo por debajo del Paso Stuhlmann, en el camino divisamos por primera vez el glaciar y el pico Margarita, impresionante, agreste, bellísimo, el día de hoy es de enmarcar, ya no es sólo barro, son pantanos, en algunos pasos han tirado pequeños troncos que te obligan a hacer equilibrios para así no hundirte demasiado en el barro, bordeamos el lago Bujuku y dejamos ya, a nuestra derecha, el Pico Speke con sus 4890 metros y como no, con su propio glaciar, así llegamos hasta el Bujuku Hut a pasar la noche, hoy no ha sido un día excesivamente duro salvo por el barro, han sido poco más de 4 horas.

Nuevo día, ya en altura, etapa de poco más de 5 horas, subidas, bajadas, pasamos por el barranco Groundsel, por el paso Scott-Elliot a 4370 metros hasta llegar al Elena Hut a 4541 metros, al pie del pico Margarita, pequeño, dormimos apretaditos, frio, altura y, sobre todo duermo mal y me encuentro fatigado, no es normal, pero no, no es por el mal de altura, es porqué he estado tomando el Malarone para prevenir la malaria hasta ayer y me ha dejado sin defensas, subimos unos metros para aclimatar antes de cenar y a dormir.

A las cuatro de la mañana en pie, desayunos, arneses, frontales y ale, arriba. El principio de la ascensión es ya una trepada, sencilla pero con botas rígidas se complica un poquito más, además voy francamente mal, no me encuentro con fuerzas.

Que difícil es imaginar un glaciar en África, pero el del monte Margarita es, simplemente espectacular, caminas por una inmensidad blanca en constante movimiento, ¡50 metros por semana! que dejan grietas enormes, unas visibles y otras no, que tienes que sortear, avanzamos encordados y con mucha tensión. Despues de la primera parte del glaciar nos metemos en un terreno mixto con los crampones, nieve, hielo, rocas para entrar en lo mas duro de la ascensión hasta el collado existente entre el pico Alexandra y el Margarita, ambos espectaculares con sus zonas de hielo cayendo.

Antes de la cumbre, trepada de grado III+ con los crampones puestos, una diagonal y ya estamos en la antecima, una veintena de metros por rocas y llegas a la cima, ¡al fin la cumbre!, ¡lo conseguí!, francamente estoy agotado, el Malarone me ha dejado sin fuerzas pero llegué, llegué a alcanzar el pico Margarita a 5.109 metros, la tercera cima de África, bellísima la cumbre, bellísimo el entorno, fotos a un lado y a otro, el Alexandra, el Stanley, el Irene, el Speek, todos con su glaciar, espectacular, mucho viento en la cima, venga para abajo que como dicen los que saben algo de montañismo la cumbre sólo es la mitad del camino.

La primera parte de bajada rapel con la cuerda de los alemanes, llevo reverso y mejor debería haberme traido un ocho pero bueno, venga, abajo, luego la pendiente de bajada es bastante acusada y el cansancio de días y días y de la subida de hoy no ayuda precisamente, afortunadamente los crampones muerden bien el hielo. Bajo agotado y en algunos momentos tengo que pararme, ademas, sustito en el glaciar, un guía se caé en una grieta, afortunadamente se queda en el borde y sale rápido.

Paramos en el Elena Hut, han sido cerca de 6 horas de ascenso y casi 3 de descenso, José no lo ha intentado se quedó en el refugio, el maldito mal de altura, comemos algo, descansamos y tiramos hacia el refugio Kitandara a 4.027 metros, no descenderemos por la zona que subimos sino que haremos un trekking circular hasta las lagunas Kitandara (3 horas), espectacular, son dos lagunas impresionantes, y en la segunda, el refugio, no paro de ver el anochecer, estoy cansado, quiero dormir pero prefiero ver el espectáculo de la laguna, que bonito anochecer, creo que, por su entorno, éste es el refugio más bonito en el que he parado alguna vez.

Al día siguiente pienso que será relajado y de bajada, nada de eso, primero una subida de doscientos metros hasta el Paso Freshfield en Bujongolo y luego ya bajada con varios desniveles hasta el refugio Guy Yeoman a 3480 metros de altura, 6 horas de pateada. La bajada el día posterior desde el refugio Guy Yeoman hasta el Nyabitaba Hut se hace por un camino complicadísimo, menos mal que no nos llueve hoy, si lo hiciese habría que bajar constantemente asegurandonos con cuerdas, muy deslizante en algunos tramos. No paramos y seguimos hasta Nyakalengija, fotos, primera cerveza en muchos días, abrazos y despedida de los guías y, sorpresa, a Jocas, uno de los guías, le anuncian que acaba de tener su primera hija, emocionante, se abraza a todos y me pregunta el nombre de mi primera hija, cuando se lo digo me dice que su hija se llamará igual, que gente mas maravillosa.

Dormimos en Kasese y, al día siguiente, otras siete horas por las infernales carreteras de Uganda hasta Kampala con sus 7 colinas, sus enormes mezquitas, preciosos templos hindúes y su caos circulatorio con ríos de gente entre motos, bicis, miniautobuses y, después del agobio a hacer un poco de tiempo junto al lago Victoria, para tomar el avión en Entebbe.

Qué bonito, que gran viaje, que gran trekking, dificilillo ehhh, que gran ascensión, más técnica de lo que pensaba y que impresionantes paisajes en un bellisimo Uganda, que buenos recuerdos me traigo.

Ver más fotos del trekking y de la ascensión ...

miércoles, 7 de enero de 2009

Jbel Toubkal, una pedrera en el Atlas



El Jbel Toubkal, con sus 4.167 metros, es la cima más alta de África del Norte. Creo que es la cumbre más espectacular de Marruecos, dentro del mayor desierto del mundo, el Sahara, a 200 kilómetros de la costa, este macizo montañoso de origen volcánico, denominado Ahaggar por los Tuareg.

He sentido una enorme satisfacción al pisar la cumbre más alta del Atlas, espero repetirla en invierno o en primavera, no hay que olvidar que es algo más de cuatro mil metros y se notan tanto en el mal de altura en montaña, como en la fatiga, en que las rampas y pedreras son bastante fuertes, o en el intenso frío que se siente al hacer cumbre. El viaje comenzó en Marrakech, ciudad capaz de sorprender a cualquiera de muy grata manera a pesar del caos circulatorio y de la impresionante diferencia de clases que sufre. Vivir un día y una noche la vida de esa increíble plaza de Jemaa El Fna es una experiencia única. El ambiente nocturno, la música de los timbales y yembés rodeándote y la alegría que te envuelve hace de la noche en esta ciudad un lugar irrepetible. La misma sensación te invade al pasar una noche en el famoso Hotel Ali, donde se respira un ambiente mochilero único y donde si no tienes mucha idea de cómo organizarte una expedición por el Atlas o hacia el Toubkal, puedes tener seguro que encontrarás la ayuda necesaria. Allí contacté con el guía con el que subí al Toubkal, y puedo decir que por 140 € del año 2006, no se puede pedir más: taxi desde Marrakech a Imlil, ida y vuelta (70 kilómetros), guía durante dos días, una mula y un mulero (que para ellos es fundamental por todo lo que llevan), el pago del refugio y la comida, agua, cenas, desayunos y té de los dos días. ¡Ojo!, se ofenden si intentas llevar tú algo, ellos se encargan de todo, no te dejan ni que les ayudes; a veces piensas que más que un guía llevas un mayordomo.

Comenzamos la subida a las seis de la mañana en un taxi desde Marrakech a Imlil por la carretera de Tahanaoute con parada en los mercados de Asni para comprar la comida que el guía necesitaba y que, por supuesto ya estaban incluidas en lo ya pagado. Llegamos a Imlil, pueblo dedicado casi íntegramente al Atlas. Si lo deseas, en lugar de contactar con los guías en Marrakech puedes hacerlo desde aquí directamente e inclusive se pueden contratar por Internet. Más sorpresas en Imlil, aldea sin nada de nada: hay dos cibercafés y todos los guías tienen su propio correo electrónico.

Si se hace el viaje en coche propio hay que tener en cuenta que en estas carreteras no suelen caber dos, por lo que ambos se salen un poco de la carretera. Al llegar a Imlil se puede dejar el coche en la plaza (lo llaman 'parking'), donde hay un guarda que duerme en su coche y que te cobra unos pocos dirhams al día por cuidártelo. Y comenzamos la aproximación al refugio Louis Neltner desde Imlil (1.740 mts). El sendero, al principio, es una polvorienta pista por la que sube algún automóvil hasta el pueblecito de Amroud, a unos mil novecientos metros de altitud. La vista hacia el sur es magnífica, distinguiéndose las numerosas aldeas que se alzan en las cercanías de Imlil; al fondo, las montañas donde están las pistas de esquí de Oukaimeden. Fue en Amroud donde el guía me dio la primera sorpresa: me invitó a pasar a su casa donde me prepararon un té a la menta magnífico y una ración de farina, una mezcla de higos y todo tipo de dátiles en polvo. Fantástico, como admirable es la maravillosa cultura familiar que tienen, se entiende que asuman la falta de medios económicos que, desde luego, no echan en falta por la increíble unión familiar de todos ellos.

A partir de Amroud el camino desciende un poco hasta un muy amplio cauce de piedras de un río por el que baja un hilillo de agua en verano pero que debe ser impresionante en época de lluvias fuertes. Al pasar las últimas casas de Amroud comienza la subida a la izquierda por un camino muy bien marcado; no tiene pérdida porque a cien metros (lineales, no de altura) veremos un gran pozo de agua y sus canalizaciones. 

Ascenderemos progresivamente hasta llegar a una aldea bereber llamada Sidi Chamarouch (a unos 2.300 metros de altura) y que se distingue por tener en el centro una enorme piedra pintada de blanco. 

Históricamente es un lugar de peregrinación, aunque hoy en día es un pequeño mercadillo de recuerdos (alfombras y otros objetos artesanales) que pueden salirte, si no tienes mucho cuidado, más caros que en el propio mercadillo de Marrakech. Hay algo sorprendente: ellos no tienen acceso a poder comprar equipo de montaña, guantes, cortavientos, crampones, etcétera, por lo que te piden el trueque al cambio; hay gente que se paga todos los recuerdos con prendas usadas que desea tirar y que al descenso lo cambia una vez pactado en el ascenso consiguiendo así aminorar el peso de la vuelta.

Aquí tuve mi segunda sorpresa con el guía: mientras que miraba las tiendecitas me preparó un suculento cuscús y allí mismo comí fenomenalmente, en mesa y caliente. Saliendo de Sidi Chamarouch comienza una fuerte subida en zigzag aproximadamente a la mitad del trayecto. A partir de aquí el camino va ganando altura siguiendo unas veces más cerca y otras más separado el riachuelo que dejamos en Sidi Chamarouch y que nace en una pequeña cascada pasando cien metros del refugio Neltner del Toubkal (3.207 metros), al que se llega sin pérdida por el camino, que está muy marcado. Lo primero que sorprende del refugio es la cantidad de tiendas de campaña que hay a su alrededor, y que siempre te encuentres con las típicas jaimas magrebíes de las excursiones de treking alrededor del Atlas y, además, puedes llevarte la sorpresa de encontrar un grupo de malagueñas haciendo dicho treking que, desde luego, pusieron la nota de alegría en la noche del refugio.


El refugio me llamó la atención por su gran limpieza, en las habitaciones, en los baños, en las duchas... Está perfectamente equipado aunque sorprende que no tiene cobertores en las camas, por lo que es obligado llevar saco. En mi caso no lo llevaba, pero, ¡oh sorpresa!, el guía también había pensado en eso y en la mula llevaba uno adicional para mí. A las 4:30 de la mañana me dijo el guía que tendríamos que salir. La verdad es que me pareció muy pronto y cuando me levanté vi que el resto de los guías ya estaban haciendo los desayunos a los expedicionarios y entonces me di cuenta del porqué de la hora, ¡estamos en Ramadán! y ellos no pueden comer ni beber a partir de que despunte el alba.  Desayunamos y arrancamos con los frontales encendidos, por detrás del refugio donde encontramos la pequeña cascada donde nace el río que baja hasta Sidi Chamarouch y donde empieza una subida muy empinada y que, al tiempo, es un gran canchal, pero la verdad es que la subida hasta el pico no representa ninguna dificultad técnica, simplemente pedreras de todos los tipos y tamaños, muy resbaladizas y muy empinadas. Lo que más sorprende son los enormes hitos que marcan el sendero y que en unos casos están muy juntos y en otros no los ves desde uno al siguiente, pero el camino está muy bien pateado y en verano se ve sin problemas. Enseguida vemos el collado Tizi n'Toubkal, de 3.971 metros. Y a la derecha vemos al Toubkal Oeste, de 4.030 metros, también llamado el Toubkal pequeño, una cima en la que, vista desde el Toubkal, se distinguen tres senderos de gente que ha hecho su muy fácil subida y que, desde luego, no merece la pena, ya que lo que se ve desde allí ya lo ves desde el Toubkal grande.

Siguiendo el camino a la izquierda vemos la impresionante imagen del Jbel Toubkal desde la cara norte, muy aérea. Seguimos el camino ya con un fortísimo viento y sólo con esa dificultad, (además de la que representa en sí la altura, que se nota de verdad y tienes que ir parándote de vez en cuando y desde luego andando más despacio de lo normal), cumbreamos el Jbel Toubkal, de 4.167 metros. Desde el refugio hemos tardado tres horas y media. Arriba es increíble, un artefacto horrible en forma de cono metálico con los nombres de algunos de los que han subido no consigue desmerecer la impresionante vista del Atlas a todos los lados.

Tuve un fantástico día de sol y mirases hacia donde mirases te quedabas impresionado de la magnitud que en cada montaña te encuentras. Sólo el terrible viento helado te hacía pensar en comenzar la bajada. Por hacernos una idea, Imlil está a 1.740 metros de altura y se distinguía desde la cumbre, increíble.

La bajado, por supuesto, por el mismo sitio, ya que el guía me indicó que podíamos bajar por una cresta más difícil pero muy bonita, que al final terminaba en el mismo camino pero que no lo aconsejaba en un día con tanto viento. Así que ¡hala! pedreras resbaladizas para abajo para en la misma jornada descender 2.500 metros, desde la cumbre hasta Imlil. Casi ocho horas de descenso y sufrimiento de los cuádriceps.

domingo, 4 de enero de 2009

Kilimanjaro, Uhuru Peak, Pico de la Libertad

Es la cumbre más alta de África con sus 5.895 metros de altitud, solitaria, altiva ya desde sus primeras imágenes y con una gran variedad de paisaje en todo su recorrido. Simplemente impresionante.

Para los montañeros técnicos no es ésta la montaña en la que desempolvar todas sus habilidades, es una montaña 100% trekking.

El Kilimanjaro puede describirse en cinco grandes zonas que, además, están perfectamente definidas cada 1000 metros de altura.

Hasta llegar a los 1600 metros de altura es sorprendente encontrarte con una intensa área de cultivo, con impresionantes plantaciones de plátanos, café, té, etc..

A partir de los 1700 metros y hasta los 2700 nos encontramos con un frondosísimo bosque que circunda todo el Kilimanjaro. Tuve la suerte de encontrar en la subida un poco de niebla, y es increíble el pasar de una sensación de densa selva africana a una sensación de fantasmagórico bosque británico. Los guías nos indicaron que podríamos encontrarnos en raras ocasiones con algún animal salvaje, pero lo único que vimos fueron colonias de monos en los árboles más altos y muy difíciles de ver, ya que enseguida se esconden; creo que habría más especies, pero tienen ellos más miedo al hombre que nosotros a ellos.

Desde los 2700 metros y hasta cerca de los 4000 de altura, el paisaje cambia paso a paso a sabana de altura, más seco, más frío y con heladas nocturnas, pero, aún así, es increíble ver esas extrañas lobelias gigantes y, sobre todo, las senecias gigantes.

Ya desde los 4000 metros surge el desierto de alta montaña con unos rayos solares de los que hay que protegerse con factor 65 al día y muchísimo frío en la noche.

Y, por último, desde los 5000 metros nos envuelve un clima típicamente ártico, con temperaturas bajo cero toda la noche y una tremenda radiación solar durante el día.

Nada más llegar a Tanzania, en la noche, al aeropuerto de Kilimanjaro, 50$ de pago del visado y las agencias esperando a los turistas (montañas, safari, etc...). Es entonces cuando empiezas a percibir la sensación POLE POLE, despacio en swahili, que será la frase que más escucharás en todo el viaje: todo es tranquilo y sin prisas.

Nos llevaron al hotel SPRINGLANDS en Moshi, muy tranquilo, donde tuvimos una cena en un jardín típico africano (mosquitos desde el primer día en esa altura, ya desde la llegada hay que aplicarse el Relec extrafuerte). Los hoteles para turistas son como pequeñas fortalezas en su exterior y con un magnifico interior. Y, a la mañana, la sorpresa: entrando en el hotel varios 4x4 están listos para recoger a los turistas que llevan a los safaris y uno para los que vamos al Kilimanjaro. Después de un suculento desayuno en el buffet del hotel tenemos por fin la gran impresión de ver, justo enfrente de nuestro hotel, el majestuoso Uhuru Peak (Kilimanjaro( y a su lado el impresionante Mawenzy, seguidos, ya que no hay más montañas.

En el trayecto vas observando y preguntando acerca de la forma de vida en Moshi y Arusha, las dos ciudades más importantes de la zona, y te sorprendes por todo: todos los niños van a los colegios, todo el mundo habla inglés perfectamente (son bilingües), conviven perfectamente las diferentes religiones sin fanatismos de ningún tipo (Islam, hindúes, luteranos, cristianos...). Al final siempre te queda la duda sobre quién está más acertado, ellos por conservar sus culturas y sus raíces familiares o nosotros con nuestro desmedido crecimiento y consumismo.

Llegamos a la entrada del parque del Kilimanjaro, donde es obligatorio registrarse y donde nos esperaba el guía que nos acompañaría en todo el recorrido. Allí, de repente, se formó un tremendo maremágnum de gentes (impresiona bastante, ya que parece que están chillando y no es así, es que hablan el swahili desde el pecho y el sonido es como si estuvieran cabreados, pero no es cierto, en seguida aprendes la segunda frase más usada en swahili “akuna matata”, es decir “no hay problema”). Ese maremágnum es para formar equipos. Cada guía contrata a un cocinero y a un número determinado de porteadores (dos en nuestro caso). Dos horas después (pole pole), comienza la ascensión por una maravilla de paisaje de jungla, al principio con caminos y, más adelante, con senderos para ascender desde 1700 metros hasta 2720 metros con 12 Km. de recorrido hasta el refugio Mandara, al que se llega en 5 horas (incluyendo alguna pequeña parada para comer). Es un precioso refugio con cabañas para seis personas, una cabaña central como comedor, otra como cocina donde sólo pueden entrar los cocineros contratados y otras cabañas para dormir los guías y porteadores. Pero lo bucólico de las cabañas cambió cuando a media tarde se nubló de inmediato y empezó a llover y a granizar, así que toda la tarde la pasamos en unas cabañas tan pequeñas que resulta un poco aburrido.

Por cierto, es curioso ver a los guías con pantalón corto y con los güetres puestos, pero cuando les preguntas por qué hacen eso te los pones tú de inmediato: lo hacen para evitar las picaduras de algún bichito reptador.

A la mañana (espléndido amanecer, qué colorido tan impresionante) una actividad de locos de los porteadores, guías y cocineros preparando los desayunos y las marchas (en este refugio coinciden, además de los subidores del Kilimanjaro, los trekkings de los alrededores del monte).

Salimos desde Mandara Hut hacia Horombo Hut a 3720 metros de altura, con 15 Km. de distancia que se recorren en unas 7 horas, y nos encontramos con el precioso cráter Maundi (no olvidemos que es una zona volcánica) y, siempre al fondo, la cada vez más cercana presencia del Kilimanjaro.

Por cierto, cuando preguntas por el descenso de la magnitud de los glaciares allí hay dos opiniones, los que lo achacan al cambio climático y los que, sorprendentemente, te indican que es por un calentamiento del monte debido a una nueva actividad volcánica en un futuro próximo (de 5 a 10 años).

En fin, llegamos a Horombo Hut con el paisaje ya totalmente cambiado, con la climatología ya de alta montaña y, cómo no, en la tarde de nuevo todo nublado y granizada. No obstante subo otros cien metros de desnivel para aclimatarme lo mejor posible.

A la mañana siguiente (precioso amanecer como todos los días en el Kilimanjaro), mi compañero de viaje decide bajarse a las playas de Zanzíbar y dejar la montaña y sus constantes granizadas, mientras nosotros dedicamos el día a aclimatarnos a la altura y subimos hasta Zebra´s Rock a 4005 metros de altura ¡¡ qué bonitas para hacerse unas paredes de escalada !! y después subimos a otra cumbre de 4375 metros y comenzamos la bajada, viendo el Mawenzy. Este monte merece una atención aparte, llega a los 5149 metros y está prohibida su ascensión salvo que se haga por un grupo organizado, con experiencia y buen equipamiento.


Llegamos de nuevo al refugio de Horombo Hut y oh, sorpresa, comienza de nuevo a granizar, así que, pues nada, a la cabaña.

Y al día siguiente, muy de mañana comienza la subida hacia Kibo Hut a 4700 metros de altura, 6 horas de marcha y una distancia de otros 15 Km. Aquí ya sí empiezas a notar la altura, los guías están constantemente con el Pole Pole y empiezas a encontrarte con algunas personas que descienden, uno de ellos diciendo que lo de arriba es un infierno por el hielo, otro en camilla porque se ha partido una pierna (hay camillas con una rueda central tiradas por el camino para que las use quien lo necesite) y otra persona a la que le ha dado el mal de altura a fondo y que le bajan como un zombi.

Llegamos a Kibo Hut, el peor refugio de todos, y entiendo porqué: el día de aclimatación se hace en el refugio anterior y no en éste, ya que no tiene condiciones y el frío es realmente intenso.

Después de comer me intento dormir, ya que a las once de la noche me despertarán para desayunar algo y salir a las doce de la noche hacia la cumbre, pero la verdad es que entre el frío, la altura y la tensión de comenzar pronto la subida, no consigo dormir.

A las doce comenzamos la subida y, nueva sorpresa, está cayendo una gran nevada, así que hacia la montaña con todo nevado (¿por qué se empeñan en las agencias de viaje en repetir que no es preciso llevar crampones?), el frío es intensísimo y hay que ir para esta última etapa perfectamente equipado: buenas botas, calcetines de alta montaña, pantalones de invierno, cortavientos para las piernas, las típicas tres capas en el cuerpo aunque alguna más se hace imprescindible, buff para la cara y en la cabeza el gorro cortavientos, las gafas de ventisca y guantes, (llevaba guantes y manoplas, y aún así es en las manos donde más sentí el frío).

La subida es un caminito en constantes zetas y sólo al final hay alguna pequeña trepada.

Llegamos hasta Hans Meyer Cave a 5190 metros de altura (Hans Meyer fue la primera persona en hacer cumbre en el Uhuru Peak) y aquí me empezó a entrar algo de dolor de cabeza por la altura.

Seguía nevando y continuamos la subida (sólo dos grupos, dos guías y cuatro montañeros en total) y el grito fue de enorme satisfacción al llegar a la cumbre entrando por Gillman´s Point a 5618 metros de altura..

La cumbre del Kilimanjaro, es una especie de óvalo donde confluyen los puntos de entrada desde otras rutas (en Stella Point 5720 metros la entrada de la ruta Machamé, en Elveda Points 5805 metros la otra ruta, Shira route, etc...) y el recorrido circular, restringido sólo a la vertiente sur, que se hace sobre una arista helada que a un lado (en el punto por donde yo entré, a mi izquierda) tiene la vertiente exterior del monte y al otro lado la vertiente hacia el interior con una caída de unos cincuenta metros hacia la planicie interior del Kilimanjaro. En toda la arista está hecho un camino interior, pequeño, pero que si te escurres, lo normal es que caigas dentro. Bueno, te levantas y sigues, lo digo por experiencia y, entonces, increíble el amanecer en la cumbre, algo asombroso, a pesar del frío que se te mete en los huesos, no paras de sorprenderte ante las imágenes que se presentan. El cráter interior es una planicie, a un lado tiene el verdadero cráter, y según vas andando por la arista vas viendo los glaciares. El primero de ellos es el Decken Glacier. Los glaciares parecen pequeños desde abajo, pero cuando los ves a tu lado en el amanecer ¡¡¡ más de treinta metros de altura alguno de ellos (el Diamond Glacier) !!!, te dan ganas de quedarte allí horas y horas, pero el frío te obliga a iniciar el descenso y, en mi caso, además me empezaron mareos, lo que unido al dolor de cabeza me obligaba a tomar la decisión de bajar ya, sin esperar más.

El óvalo de la cumbre tiene diferentes alturas según el punto donde estés, desde 5618 hasta 5895 metros máximo, donde iniciamos la bajada.

La subida es en total de 1200 metros con una distancia de 6 Km. y, después de un recorrido por la cumbre de cuatro Km., en total seis horas y media, bajamos hasta Kibo Hut en hora y media, donde tuvimos un pequeño tentempié. A continuación bajada hacia Horombo Hut, otros 15 Km., donde llegamos para almorzar y, de nuevo, comienza a granizar, estoy harto de granizadas, de estar todas las tardes encerrado en una cabaña, de no poder ducharme, así que lo decido, para abajo. El guía se echa las manos a la cabeza, me dice que hemos hecho 27 Km. y que para bajar hay que hacer otros 27. Me da igual, ¡¡¡ para abajo !!!. Los porteadores, que sólo habían bajado desde Kibo Hut, lo dudan, pero al final arrancamos y bajamos hasta la entrada del parque del Kilimanjaro donde pedimos que nos venga a buscar el 4x4 de la agencia para ir al hotel.

Cuando llego al hotel y después de las arduas discusiones con el guía acerca de las propinas al grupo, creo que todos los récords de permanencia bajo una ducha son superados por mí, no sin antes ver el lamentable estado de las uñas de mis pies.

Pero salgo a la puerta del hotel para ver de nuevo el increíble Kilima “pequeña colina” Njaro “nombre del demonio que causa el frío” y pienso, volveré, tengo que volver más veces, merece la pena, no es una cumbre conseguida, es una experiencia a repetir .....

Algunos consejos:
Llevar dos botas, una de trekking o zapatillas buenas para los primeros días y unas buenas botas para el último día. No carguéis con bastones, os los dejan los guías si se los pedís por Internet antes de salir.
No se admiten todos los billetes de dólar, sólo los modernos.
Si queréis traer recuerdos, las tallas de madera en Moshi y Arusha son muy buenas.
Dejaros un día para visitar Arusha.
Obligatorio llevar el certificado internacional de la OMS contra la fiebre amarilla.
No escatiméis en ropa de abrigo para el último día de ascensión.
Llevar un buen libro para las largas jornadas en los refugios y pilas de repuesto para los frontales (no hay luz en los refugios, sólo la procedente de las placas solares).